Lamento

Efectivos: 2 violines, viola da gamba, tiorba, clave


Obras de Jean-Féry Rebel, Johann Heinrich Schmelzer, Pandolfi Mealli, Niel Gow, Turlough
O’Carolan y J.S. Bach


“Lamento” es una mirada a uno de los más bellos y conmovedores repertorios instrumentales del barroco europeo. Desde el tradicional “Scottish lament”, el “tombeau” francés o los lamentos instrumentales en la música italiana o alemana emprenderemos un viaje musical por los siglos XVII y XVIII desde una perspectiva diferente y atrevida, descubriendo melodías inspiradas por la más profunda tristeza y desánimo pero que acaban por convertirse en la más poderosa apología a la esperanza y a la belleza, en un mundo que, en muchas ocasiones, parece verse necesitado de ellas.
Nuestro viaje comienza en Francia, con un “tombeau”, un tipo de composición muy en boga en Francia y que se extendió a otras partes de Europa. Es literalmente, en francés, un monumento que se erige sobre una tumba. Se trata de una composición monumental, sobria y meditativa pero repleta de emoción y audaces recursos retóricos y compositivos, sin duda una imagen musical de una fuerza desbordante.

El poco conocido “Lamenta a 3” de Schmelzer representa otro tipo de lamento. J. H. Schmelzer, uno de los compositores más afamados e influyentes de su época, nos presenta un lamento de intrínseco dramatismo pero que representa a su vez una auténtica celebración de la vida, lleno de contrastes y en una tonalidad que puede extrañarnos, Si bemol mayor, pero que desde el punto de vista retórico nos da quizá una pista crucial para entender la pieza ya que se trata de una tonalidad que, como escribiría más tarde Mattheson, “Ad ardua animam elevat.”


Quizá otra interesante representación retórica de nuestro fugaz paso por el mundo lo encontremos en el basso ostinato, una imagen del mundo impasible ante nuestro efímero paso, representado musicalmente por las voces superiores que se mueven y dialogan sobre ese bajo inamovible que es el mundo terrenal. Exactamente como ocurre en el Passacaglio en Do menor de Pandolfi Mealli o en la Sonata n. 6 de Purcell, donde además ese bajo esta escrito en forma de “basso di lamento”, cuatro notas descendentes que se repiten “in saecula saeculorum”
El “Scottish lament” merece una mención especial como género musical del siglo XVIII, enmarcado en un estilo nacional con personalidad propia “[…] las mismas armonías y las mismas cadencias en las composiciones de los flamencos, italianos, alemanes, franceses y los ingleses y nada en ellas de la originalidad y el carácter de aquellos escoceses e irlandeses, que poseen un estilo propio y peculiar.” (John Hawkins, “A General History Of The Science and Practice Of Music …, Vol. 4” London,
1776)

En 1720 Bach volvía casa tras acompañar a su señor el Duque de Köthen durante un retiro en los baños de Carlsbad. Cuando marchó dejó atrás a su mujer, Maria Barbara, aparentemente con perfecta salud. A su vuelta se encontró con la desoladora noticia de que había sido enterrada un par de meses antes.

Es en ese momento cuando surge de su pluma una de las obras cumbres del barroco: la Ciaccona contenida en la segunda Partita para violín solo. Entre la armonía y el contrapunto de esta chacona se encierran corales e himnos luteranos que forman uno de los lamentos más bellos y enigmáticos del barroco. Cabe destacar el comienzo en el mismo bajo de ciaccona, basado en la melodía Den Tod kann niemand zwingen (La muerte no puede a nadie conquistar).

La pieza ha sido objeto de transcripciones desde la misma época de Bach hasta nuestros días. Sirva nuestra versión como homenaje a una de las obras más bellas y enigmáticas del siglo XVIII, y que al mismo tiempo arroje algo de luz a los entresijos de este maravilloso lamento.